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domingo

El Imperio De La Mediocridad

Bienvenidos al Imperio De La Mediocridad. No hay ámbito libre de mediocridad, se trata de no destacar para llegar a ser alguien.

El libro de ficción "Harrison Bergeron" publicado en 1961 por el escritor norteamericano Kurt Vonnegut narra la historia de una sociedad imaginaria e indeseable en Estados Unidos en el año 2081 cuando por medio de las enmiendas constitucionales 211, 212 y 213 se decreta que todos los ciudadanos son iguales obligándolos a utilizar un sistema de obstáculos insalvables que bloquea sus habilidades para que así nadie pueda destacar.
Equipos de agentes se aseguran de que se cumplen las leyes de igualdad, una igualdad total para que nadie sea ni más ni menos estúpido, lento, feo o débil que los demás y para que todo sea igual de aburrido, tedioso, indiscutible, palmario..
A quienes sobresalen por algo, iniciativa, inteligencia, rapidez etc. se les imposibilita creando así una sociedad satisfecha con la mediocridad. 

Mediocridad no es sinónimo de incompetencia, se puede ser mediocre,  competente y además servil para satisfacer a la clase dirigente a la que no interesan los perfectos incompetentes, trabajadores que no cumplen con su horario o que no obedecen sus imposiciones.

Hay muchas razones por las que se puede vivir en un mundo mediocre y conformarse,un mundo que no destaca ni por ser pésimo ni por ser brillante, un mundo confuso, sobrevalorado, con mucha insatisfacción que tiene sumida en la mediocridad a gran parte de la población, la falta de motivación, de objetivos, de reconocimiento, el miedo al fracaso, el círculo de influencia mediocre etc. son aspectos que limitan el potencial de las personas.
Sólo alguien mediocre está siempre en su mejor momento porque acata las normas imperantes sin cuestionarlas, no actúa y así no se equivoca, no contradice y así no se enfrenta a nada ni a nadie, no juzga.. siempre obedece..

¿Quien no ha tenido alguna vez la sospecha de que la mediocridad es necesaria para gobernar el mundo?
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La Dictadura Publicitaria

En mi opinión vivimos en una dictadura publicitaria que además aporta a la sociedad toneladas de mediocridad al día de la que es practicamente imposible liberarse.
Se puede pensar que la publicidad no tiene efectos adversos pero es que no se trata solo de publicidad, son 3.000 o 4.000 mensajes publicitarios a lo largo de cada día un machaqueo mental constante que pretende alterar el comportamiento para que ejecutemos la acción de comprar. 

La publicidad recurre a la persuasión o incluso a la manipulación para influir en las emociones, no cuenta con las necesidades de las personas a las que va dirigida y no admite diálogo, es invasiva está por todas partes ningún espacio virtual o físico está a salvo, se reproduce como un virus que se introduce en los hogares y en las mentes. 
Sin duda es una industria muy poderosa un gran negocio inagotable.

En la televisión comercial por ejemplo los anunciantes buscan tipos de público a través de la programación agrupando espectadores, haciendo paquetes de audiencia destinados a un segmento concreto al que dirigir sus spots.

Publicidad Televisiva
       pixabay image
Publicidad masiva donde no cabe el gran lujo que aparece en los canales especializados.
Casi toda la que se emite en los canales de mayor audiencia es mediocre, tirando a mala, "descafeinada" aburrida, repetitiva o incluso deprimente.. pero es efectiva cumpliendo bien con su misión comercial.

Como todo en la vida la publicidad va cambiando, se va "soltando" o va "perdiendo la vergüenza" no hay quien la pare. Ahora ya la violencia y el sexo se utilizan para diferenciarse y destacar entre los anunciantes.

Son bloques cada vez más largos frecuentes y cansinos que incitan a consumir, los anunciantes van ganando terreno en la parrilla televisiva. 

Es meritorio no sentir apego por la tele comercial, apagarla al principio del bloque publicitario por ejemplo produce una sensación placentera o liberadora que permite dedicarse a otra cosa más edificante como dar un paseo, conversar, leer, escuchar música, escribir etc., cualquier cosa es mejor para la mente y el espíritu que ponerse frente a la televisión.

Entre las claves para avanzar en la vida figuran aspectos como mantenerse en acción o conectar con las propias emociones, la televisión no ayuda.