En un ambiente de crítica el niño va a aprender a criticar, en un ambiente de hostilidad va a aprender a pelear o en un ambiente de escasez por ejemplo, donde se hable mal de los ricos y se considere al dinero como una fuente de problemas, lo más lógico es que ese niño pueda tener dificultades económicas cuando sea mayor y no sepa muy bien por qué.
Desde que tenemos uso de razón asociamos patrones de comportamiento en nuestro entorno por las experiencias que se viven, por lo que se dice o por lo que se hace... desde niños las experiencias positivas o negativas van a ser una fuente de aprendizaje para bien o para mal.
Parece que percibimos el mundo desde un prisma propio, que las creencias configuran la mentalidad que va a determinar como afrontar las situaciones que van a surgir a lo largo de todo el recorrido, unas creencias que son la programación mental, emocional y de comportamiento que se produce al relacionarnos con la familia o con otras personas de referencia y que más adelante va a ser la suma de otros factores: la sociedad, la escuela, los amigos etc. quienes podrán influir en esas creencias globales o personales.
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En la empresa los líderes saben que aquello en lo que creen, aquello de lo que están convencidos es aquello que van a lograr porque el éxito está en la mente y es primordial cuidar los pensamientos, las creencias no son solo conjeturas o una cuestión de fe han de convertirse en convicciones y eso implica tener evidencias de que esas creencias son ciertas.
Las creencias tienen un poder impresionante, son una forma de ver y quienes creen que pueden se ven con la capacidad de poder, son creencias motivadoras o potenciadoras que van a ayudar a avanzar y a lograr los objetivos mientras que las creencias limitantes son condicionamientos que se formaron a partir de errores y que pueden estar enraizados en la mente y van a suponer un perjuicio para la empresa y para las personas, un bloqueo.


