martes

El Hombre De Negocios

Visitando el blog de Paulo Coelho me encontré con ésta historia que comparto a mi manera:

Un hombre de negocios norteamericano estaba mirando el mar en un pueblecito de Brasil cuando llegó una barca con un sólo tripulante y varios soberbios atunes.

 
El norteamericano felicitó al pescador por la calidad de la pesca y le preguntó cuanto tiempo había tardado en pescar. 
Sólo un ratito le dijo.

Entonces el norteamericano le preguntó por qué no se había quedado más tiempo para pescar más. El pescador dijo que ya tenía suficiente para las necesidades de su familia.

El norteamericano volvió a preguntar: ¿Y qué hace usted el resto del tiempo?
                                                           
hombre de negocios

El pescador contestó: Duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, duermo la siesta con mi mujer, voy cada tarde al pueblo a tomar unas copas y a tocar la guitarra con los amigos. Tengo una vida plena y ocupada señor.

El norteamericano dijo en tono burlón, mire, me gradué en Harvard y podría echarle una mano: Debería dedicar más tiempo a la pesca y con las ganancias comprarse una barca más grande, con los beneficios podría comprarse varias barcas y con el tiempo podría hacerse con una flota de barcos de pesca. En vez de vender su captura a un intermediario se la podría vender al mayorista incluso podría llegar a tener su propia fábrica de conservas.

Controlaría el producto, el proceso industrial y la comercialización.
Se iría de este pueblo a la ciudad, luego a Los Ángeles o a Nueva York donde dirigiría su propia empresa en expansión.

  
Pero señor ¿Cuánto tiempo tardaría en hacer todo eso? 
De quince a veinte años. Y luego ¿Qué? El norteamericano soltó una carcajada y dijo que eso era la mejor parte:

Cuando llegue el momento puede vender la empresa en bolsa y hacerse muy rico. Ganaría millones de dólares. 
¿Millones de dólares señor? Y luego ¿Que?

Luego se podría retirar. Irse a un pequeño pueblo costero donde podría dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con sus nietos, echar la siesta con su mujer e irse de paseo al pueblo por las tardes a tomar unas copas y tocar la guitarra con sus amigos.

Pero señor perdería entre quince y veinte años para hacer lo mismo que estoy haciendo ahora.

La historia tiene su gracia pero podía haber terminado de otra forma: 

Quizás diciéndole el hombre de negocios al pescador que ampliando su negocio no dependería exclusivamente de su trabajo para mantener a su familia. O que no se conformase con lo que necesita, que luchase por lo que se merece. O que se retiraría joven y rico para disfrutar con los suyos. O que no hay hombres sin sueños. O que para crecer hay que cambiar. O...


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