A veces es interesante observar cómo la gente que menos tiene siente la necesidad de sentirse importante y los que más tienen sienten la necesidad de ser humildes y compartir. De hecho comprometerse a compartir una buena parte de la fortuna no es una moda pasajera entre empresarios millonarios, es mas bien una necesidad para sentirse bien, una acción "superior" que hace buena la frase de que "todo lo que sale de uno regresa a uno" quizás en forma de dinero.
Los empresarios no están en deuda con nadie ni tienen porqué ser desprendidos con la sociedad, ya dan todo de lo que deben a través de su función pero saben que una actitud altruista promueve cambios en el cerebro que ayudan a generar más felicidad y a dar menos importancia a los problemas propios.
Dejar de ejercer determinadas acciones que marcan la diferencia en sus vidas les puede llevar a que disminuya su nivel de conciencia, eso puede suponer una carencia importante causa de infelicidad.
Colaborar desinteresadamente en causas benéficas por el bien de otros o por el bien común incluso a costa del interés propio y sin esperar nada a cambio, aporta más beneficios de lo que parece.

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Ese sentimiento de contribuir a mejorar cuestiones que van más allá aporta una motivación extra y una visión más amplia de las cosas y reafirma el poder de la confianza en uno mismo, las capacidades, las habilidades, los talentos o la toma de decisiones. Los beneficios de un comportamiento altruista reavivan la empatía y pasan por la disminución de sentimientos negativos como el enfado o por la reducción del estrés por lo que también fortalecen el sistema inmune propiciando una vida mejor.
